Somos ganaderos

En defensa del ganadero

Si ves normal que un profesor conozca a sus alumnos, tienes que saber que un ganadero conoce a sus animales. Si es lógico que un cocinero sirva lo que más le guste a su clientela, no debes dudar de que un ganadero busque siempre la calidad en su producción. Como una comunidad cuida su edificio, un ganadero cuida su explotación. Igual que existen profesionales en derecho, ventas o comunicación, el ganadero es un profesional que tarda años en aprender su oficio y cuyo valor es decisivo en tu alimentación, el mantenimiento de las zonas rurales y los paisajes. ¿No crees que son cosas lo bastante importantes como para empezar a mirar con otros ojos a este colectivo?


“El ganadero es un profesional que tarda años en aprender su oficio y cuyo valor es decisivo en tu alimentación, el mantenimiento de las zonas rurales y los paisajes”


Créditos: Diario de Avila

Si tú ves a un ganadero como a un gañan, yo veo la sabiduría de la naturaleza. Si lo ves como el culpable del “no sé lo que le meten”, yo veo tu falta de interés en saber lo que realmente comes: la trazabilidad es obligatoria para el ganadero, exige que te la muestren en el paquete. Si crees que son los culpables de vallar el campo, él tampoco te pide entrar en tu casa y nadie se extraña, además tu bloque de pisos dudo que le parezca mejor que el campo que existía antes de él (y nadie pide que lo tiren). Si te preocupa el bienestar animal ¿cuántos animales de compañía viven unas vidas desdichadas y están más cerca de ti que su vaca?

Por contra, sí que he visto mañana tras mañana a mi familia levantarse antes del amanecer para comenzar la jornada. He visto el esfuerzo físico del trabajo con animales a la intemperie, haga frío o calor, sea lunes o sábado. He visto el cambio, las nuevas normativas, las pilas de papeles, los saneamientos, las inspecciones, las sanciones y la desesperación de tener que acatar unas normas de personas que, en muchas ocasiones, no conocen lo que legislan.

Pero también he visto la alegría infinita de ver criar a sus animales, del revoloteo constante de las crías en el campo, de los días en los que “se oye la hierba crecer”, de un año bueno. He visto la paz de un día de faena que termina bien hecho, la emoción de los días importantes: el herradero, el destete… La cara de orgullo de un padre viendo seguir sus pasos a un hijo, enseñándole a cada paso porque sabe que nadie más lo podrá hacer.


“Tú puedes quedarte con el cuento de Disney, yo me quedo con mi olor a vaca, el barro, la ampolla, el amanecer, el frío y el sol. Me quedo con una realidad, la que vive mucha gente que también necesita tener voz.”


He visto llorar por ver sufrir a un animal que está herido o enfermo, he visto el esfuerzo por salvarle la vida a una cría que nace muerta, la impotencia de no poder hacer nada ante el sacrificio de animales por un posible caso de tuberculosis y la falta de medios para seguir adelante, tirar la toalla porque te puede la burocracia, porque tus hijos tienen otras metas, porque con 80 años no puedes seguir manejando un tractor.

Tú puedes quedarte con el cuento de Disney, yo me quedo con mi olor a vaca, el barro, la ampolla, el amanecer, el frío y el sol. Me quedo con una realidad, la que vive mucha gente que también necesita tener voz.

 

Maria VeraEn defensa del ganadero